Ideología

Un blog en el que se pueden visualizar diferentes actividades englobadas por proyectos educativos donde se abordan contenidos sobre el mundo del arte injertados con otras disciplinas siguiendo modelos pedagógicos alternativos a la pedagogía tradicional calificada como tóxica por Elisabeth Ellsworth y María Acaso. Cada una de las actividades realizadas se afrontan desde cuatro bloques temáticos de contenidos interrelacionados (Historia del arte, Filosofía, Técnicas artísticas y Lenguaje visual) los cuales generan un mapa de conocimiento colectivo de gran utilidad para el alumno permitiéndole sumergirse en el universo artístico a través de la creación artística y alejándose por tanto, de la simple manualidad.

3/02/2018

El gran masturbador


- FICHA TÉCNICA:
Título: “El gran masturbador”                                                                        Autor: Salvador Dalí
Estilo: Surrealismo                                                                                                 Cronología: 1929
Técnica: Óleo sobre lienzo                                                    Localización: Reina Sofía, Madrid

- ANÁLISIS DE LA OBRA:
Durante el s. XX los avances científicos permitieron que las artes desarrollaran nuevas posibilidades creativas inimaginables hasta la época. Por otra parte, las dos guerras mundiales determinaron una trayectoria histórica, política, social y cultural que marcarían tremendamente el mundo del arte.

Uno de los movimiento que surge en esta época y el único estilo que podemos decir que prevalece hasta nuestros días es el surrealismo. Un movimiento caracterizado por descubrir una realidad alterna, es decir, no basada en ningún pensamiento lógico y que no tuviera ninguna explicación razonable. Se basa en los sentimientos, la imaginación y el mundo onírico (sueños) y el subconsciente.

El surrealismo es un arte que se basa también en el erotismo que para algunos puede ser tildado de vulgar por no mostrar pudor.

Pero el surrealismo surge como reacción, como disconformidad a los desastres de la época. Es un arte crítico y mordaz que se burla en especial de aquellas personas que tienen el poder, sea el gobierno, la iglesia o las clases altas.

Dentro del surrealismo nos encontramos dos corrientes la abstracta y la figurativa a la que pertenece Salvador Dalí autor de este cuadro titulado “El gran masturbador”, símbolo por excelencia de las obsesiones sexuales del pintor.

En el libro “La vida secreta de Salvador Dalí” se describe este cuadro se la siguiente manera:

Representa una gran cabeza como la cera, muy encarnadas las mejillas, largas las pestañas y con una nariz imponente apretada contra la tierra. Este rostro no tenía boca y en su lugar había pegada una enorme langosta. El vientre de la langosta se descomponía y estaba lleno de hormigas. Varias de estas hormigas corrían a través del espacio que habría debido llenar la inexistente boca de la gran cara angustiada, cuya cabeza terminaba en arquitectura y ornamentación, estilo 1990.

Tanto en el cuadro como en el texto el autor refleja su malestar, un malestar que incluso le hacía pensar en la posibilidad de perder la cordura.



En el lienzo están representadas sus obsesiones:


· El elemento principal es un busto antropomórfico, mezcla de cabeza humana y rocas de la costa Brava de los alrededores de Cadaqués, que repetirá en muchos otros cuadros como La persistencia de la memoria y El enigma del deseo. Estilizado pero reconocible, se caracteriza por su color amarillento, su gran nariz apoyada en el suelo y su cara alargada. Las pestañas largas representan la contraposición entre el sueño anodino de una consumación física irremediable y el sueño de que nuestros deseos se cumplan.


· El saltamontes, un animal que le provocaba terror desde su infancia y que se encuentra pegado a la boca de su autorretrato. Está en estado de descomposición, lo que atrae muchas hormigas que simbolizan la muerte.


· Un anzuelo como atadura a su familia que quería retenerle a su lado y volver a un modo de vida tradicional del que él da muestras de querer desprenderse definitivamente.


· El león como deseo sexual, con una lengua rosada como símbolo fálico.


· Unas piedras como su pasado.


· Una figura aislada como soledad.


· El tema de la masturbación aparece en la mujer que emerge de su retrato y cuyo rostro está cerca de unos genitales masculinos escondidos en unos ceñidos calzoncillos.


· Un lirio pegado a la mujer que simboliza la pureza, una enrevesada forma de definir a la masturbación como la relación sexual más pura. El pistilo de la flor es, además, otro símbolo fálico.


· Como es normal desde que la conoció, Gala aparece representada, en este caso en la pareja que se abraza, donde ella se metamorfosea en una roca, recuerdo de los paseos que dieron por la playa.

Formalmente, el sistema de representación es tradicional, Dalí recupera el dibujo, el modelado y el tono local, arrinconado por los “ismos” de vanguardia. Un dibujo y una forma de pintar inspirada en los dos grandes ídolos del pintor de Figueras, Velázquez y Vermeer de Delft.

La paleta de colores es amplia, va desde los colores fríos (azules, añiles…) hasta los cálidos (amarillos, ocres, verdes claros…). Colores que son modelados creando volumen y sensación espacial por tener en cuenta el tratamiento perspectivo. Predominan en la escena luces y sombras fuertes que se alargan casi hasta el infinito. Dalí representa la luz del sol mediterráneo que tanto sintió en su piel durante aquellos paseos con Gala por las playas de Cadaqués durante el verano de 1929. Está aquí también presente el influjo de Giorgio de Chirico evidenciada en la potente sombra que proyecta la pareja abrazada en sus primeros encuentros.


Si miramos atentamente a los personajes representados en el cuadro podemos ver que hay bruscos cambios de escala haciendo que nos encontremos en un falso verismo. Esto es debido a que la pintura surrealista ya no reproduce una experiencia de la realidad, sino que, como dijo Breton, remite a un modelo interior.

Frescos de San Clemente de Tahull


- FICHA TÉCNICA:
Título: Frescos de San Clemente de Tahull                                         Autor: Maestro de Tahull
Estilo: Románico español                                                                                  Cronología: 1125
Técnica: Fresco                                                                                  Localización: MNAC -BCN

- ANÁLISIS DE LA OBRA:
Estas pinturas de temática religiosa fueron realizadas en la Edad Media y pertenecen a un movimiento artístico conocido como románico. El románico es el primer estilo europeo tras las invasiones germánicas y nace en un contexto de una sociedad feudal que vive intensamente el sentimiento religioso pues el centro del universo gira en torno a la figura de Dios (teocentrismo).

En este fresco la pintura románica catalana alcanza su máximo esplendor. En el ábside de la iglesia de San Clemente se representa a Cristo en Majestad, sentado y mirando a los fieles fijamente con ojos penetrantes y terribles. Cristo está representado dentro de la mandorla (marco en forma de almendra que rodea a Cristo para indicar que es un personaje sagrado)y entre las letras alfa y omega, primera y última letra del alfabeto griego que indican que Cristo es principio y fin de todas las cosas, es creador y destructor. En una de las manos sostiene un libro en el que se puede leer “Ego sum lux mundi”, yo soy la luz del mundo. La luz es símbolo de la verdad absoluta, del bien y el camino para llegar a la salvación.

Rodeando a Cristo en Majestad se encuentra el tetramorfos, los signos de los cuatro evangelistas: San Lucas representado por un buey, San Marcos por un león, San Juan por un águila y San Mateo por un ángel.

Los rasgos de la pintura románica son fácilmente perceptibles, si examinamos el dibujo, el color, la concepción plana de la composición, etc. En el dibujo predomina exageradamente la línea, una línea negra y gruesa que contornea todo y da vigorosidad al dibujo. Línea esquemática y que se va repitiendo en los pliegues de los ropajes. No hay estudio anatómico, los cuerpo son representados de una manera muy esquemática al igual que las telas.

Las grandes líneas de la composición nos hablan de un alargamiento sistemático y de una tendencia a lo abstracto; las pequeñas líneas de los rasgos faciales traducen, por el contrario, un deseo de vida y de gracia.

Los contornos son energéticos, pero la  vibración de los colores sugiere que la vida de la figura trata de ondularlos, y en algunas zonas, en el rostro especialmente, la vida predomina sobre la arquitectura sobre la que está representada.

La riqueza de del color constituye otro rasgo destacable; azules de penetrante oscuridad; verdes claros para apaciguar la intensidad de los azules, rojos y carmines, ocres y almagres, negro. Todos ellos aplicados sin volumen, es decir, planos.

No hay presencia de perspectiva pero sin embargo, las pinturas se adaptan al espacio en el cual han sido pintadas. En principio el ábside ofrece una superficie poco propicia para la expresión plástica, pero los artistas románicos aprendieron a convertir su curvatura en un recurso intensificador y se sintieron tan cómodos para diseñar sus composiciones como en una superficie plana.


La iglesia fue consagrada en 1123, fecha de remate de las pinturas, por San Ramón, prelado de Roda, quien probablemente llamó al maestro Tahull, capaz de representar a la Divinidad de forma original en una época en la que los artistas consideraban tal representación como el sentido último de su arte.

El nacimiento de Venus


- FICHA TÉCNICA:
Título: “El nacimiento de Venus”                                                            Autor: Sandro Botticelli
Estilo: Renacimiento italiano                                       Cronología: hacia 1485, Quattrocento
Técnica: Temple sobre lienzo                              Localización: Galería de los Uffizi, Florencia

- ANÁLISIS DE LA OBRA:
El Renacimiento fue una época marcada por el esplendor cultural gracias al desarrollo del humanismo y el Renacimiento en donde Italia, cuna de ambas corrientes, se erige como núcleo donde se desarrollará la nueva cultura, y donde el mecenazgo será indispensable para llevar a cabo la labor de un nuevo “renacer” que cambiará la concepción artística y cultural de la Europa medieval.

En este cuadro Sandro Botticelli recurre a la mitología clásica plasmando el nacimiento de la diosa más bella del Olimpo, Venus. Diversas leyendas se originaron en torno a ella. Homero la hace hija de Zeus y de Dione; Hesíodo afirma que nació de la espuma del mar, en el que habían caído los genitales de Urano, castrado por Crono. Esta última versión es la representada por Sandro en el cuadro, una diosa que nace en el mar y es arrastrada a Chipre en una concha.

Venus, diosa del amor y la belleza preside la escena, flanqueada por una pareja de Céfiros (vientos) a su derecha y una Hora a su izquierda. Los Céfiros en vuelo están estrechamente abrazados y empujan con un soplo a Venus desnuda, que pudorosamente se tapa con su cabello,  alzándose sobre una concha marina. En la orilla, una Hora la espera para vestirla de un rico manto.

La precisa diagonal de los dos Céfiros, la línea vertical pero casi inestable del cuerpo de Venus en equilibrio sobre la concha, la tensión en sentido opuesto de la Hora, contribuyen a comunicar un sentido del movimiento así como dar un ritmo fluente y vario a la pintura. La extensión de las aguas marinas, y la presencia de la costa a la derecha, con su avance sinuoso, dilata el espacio haciéndonos sentir como la diosa llega de remotas lejanías, en la pureza solitaria de la naturaleza.

El desnudo central de la diosa, hacia el cual convergen las figuras laterales aunque se aísla de ellas, posee tal refinamiento que supera todo rastro sensual, transformando la sensualidad en una espiritual y tensa contemplación. Esta pintura consigue expresar las más delicadas sensaciones: la frescura del soplo de los vientos primaverales, el leve encresparse de las olas y la fragancia salada del mar, la piel tersa de los cuerpos y el terciopelo de las hermosas alfombras de hierba sobre tierra. La estilización lineal posee una gracia indecible; basten para medirla  la forma de la concha o la cabellera al viento de Venus.

El esquema compositivo elegido por el artista es claramente piramidal. El personaje central es el que capta toda la atención y hacia él convergen el resto de las figuras. Los personajes son ligeros, esbeltos, sinuosos y sensuales, dando al cuadro una sensación total de ingravidez.

Todo representado con una riquísima gama cromática que van desde los tonos fríos (azules, verdes, grises…) hacia los cálidos (dorados, bermellones, ocres…) y gran nivel de detallismo y minuciosidad a la hora de representar la escena.

Respecto al dibujo predomina la línea sobre la mancha. Los contornos de las figuras están bastante marcados y diferenciados. Hay una preocupación por parte del artista de representar el volumen y la perspectiva.

Se cree que este cuadro posiblemente fuese un encargo de la familia Medeci, familia de mecenas formada por personajes de gran prestigio social que avalaban la labor de los grandes humanistas y artistas del momento, introduciendo a los artista en ámbitos culturales. Así fue como poco a poco los artistas reivindicaron  un nuevo estatus rechazando que se les considerara meros artesanos, ya que argumentaban, que ellos no trabajaban con las manos, sino que sus obras eran fruto de una reflexión teórica e intelectual.


Las señoritas de Avignon


- FICHA TÉCNICA:
Título: “Las señoritas de Avignon”                                                               Autor: Pablo Picasso
Estilo: Cubismo                                                                                                    Cronología: 1907
Técnica: Óleo sobre lienzo                                                   Localización: MOMA, Nueva York

- ANÁLISIS DE LA OBRA:
En un contexto previo a la Primera Guerra Mundial, en las artes plásticas se observa una enorme transformación, sobre todo en la pintura caracterizada por la búsqueda del artista de nuevas expresiones, la libertad de creación y un fuerte individualismo. Es el momento en el que surgen las vanguardias artísticas que suponen un mundo del arte en continua innovación.

“Las señoritas de Avignon” es una de las obras más trascendentales del s. XX por que con ella podemos decir que comienza el cubismo rompiendo con el paradigma clasista. Esta obra fue un exorcismo en la obra de Picasso por hacerlo totalmente independiente a su modo de pintar. Cuando se presentó esta obra no tuvo una buena acogida y aceptación por parte de críticos y amigos.

En el año 1906 Pablo Picasso conoce  Matisse y su obra, que influye en el enriquecimiento de su paleta y el visionado de una exposición de arte africano hicieron que su estilo comenzara a cambiar. En aquella época Picasso se encontraba en su etapa rosa que poco a poco fue abandonado para introducir un mundo demoníaco y mágico.

El cuadro representa un grupo de mujeres desnudas, situadas delante de una cortina. El título indica que son prostitutas, pues hace referencia a la calle Avignon de Barcelona, en la que había distintos prostíbulos.

La representación de los cuerpos se hace a base de formas angulosas, y en ellos se recogen distintos puntos de vista de manera simultánea. Por ejemplo, en el mismo rostro los ojos aparecen vistos de frente y la nariz de perfil, y vemos a la mujer agachada del ángulo inferior derecho tanto de espaldas como de frente. Superposición de un montón de planos y puntos de vista diferentes que hacen evidencia de cierto volumen y profundidad aún a pesar de que no hay perspectiva.

En las cabezas puede distinguirse una gradación creciente de geometrización. Las dos figuras de la derecha tienen mucha similitud con máscaras africanas, seguramente inspiradas en la exposición de arte africano que Picasso había visto con anterioridad.

Las mujeres se representan como en un escaparate entre cortinajes y con un pequeño bodegón de frutas en primer plano que simboliza los atributos sexuales femeninos.

La composición de la obra es fuertemente geometrizada y en gran parte simétrica. Predominan las líneas verticales le da un cierto carácter ascensional, aunque el formato sea cuadrado.

La línea es una de las grandes protagonistas de la obra. Su aplicación es geométrica, descomponiendo a las figuras en formas básicas, de agudas esquinas que parecen interpretarse unas con otras.

Cromáticamente predominan los tonos cálidos que vuelven más rotundas las formas, desvinculándose así del fondo en donde son utilizados los fríos y ocres. Pese a tener un cierto recuerdo de la realidad (el anaranjado de la piel), su tono saturado (muy fuerte) no puede ser considerado como realista y nos puede recordar (aunque en un menor grado) al utilizado por los fauves que Picasso conocía.

La luz no incide en el cuadro, creando zonas cromáticas puras y eliminando, casi por completo, el tradicional claroscuro.

Siguiendo su costumbre, Picasso trabajó en unos cuantos bocetos bien dibujados antes de dedicarse de lleno a la obra final del cuadro. Esta obra preliminar de estudio consta de un óleo, una acuarela y una gran cantidad de dibujos que fueron debidamente estudiados y analizados en un catálogo de exposición.

Un primer boceto a lápiz negro y pastel sobre papel, en formato horizontal da a conocer la primera idea que tuvo Picasso para la realización de este cuadro. Las medidas del lienzo iban a ser más pequeñas, con siete protagonistas, cinco mujeres y dos hombres. Los hombres serían un estudiante (se supone que de medicina) entrando en escena por el lado izquierdo y llevando en la mano un libro (en otros dibujos es una calavera), y un marinero sentado en medio de la habitación, delante de una mesa redonda donde hay pintado un bodegón con tres rajas de sandía, un porrón de vino y una jarra con flores, todo ello con su simbología correspondiente. La distribución de las mujeres iba a ser: una a la derecha, entrando y corriendo la cortina, una de espaldas y sentada, otra sentada junto al marinero y dos detrás y de pie. Los críticos e historiadores han visto en este boceto una clara escena de burdel.

El segundo boceto es una acuarela sobre papel, muy próxima al cuadro final. En él desaparecen las figuras masculinas y quedan las cinco femeninas. Mantiene el formato horizontal pero con unas medidas más pequeñas. La mujer sentada sigue casi igual, sólo que ahora vuelve ligeramente la cabeza hacia el espectador. La mujer de la derecha sigue en posición de correr la cortina. El estudiante de la izquierda es sustituido por una mujer muy parecida a la pintura definitiva. El bodegón del centro queda adelantado a primer término y la jarra con flores desaparece. En este segundo boceto se muestra ya un ensayo de los colores de la obra terminada. La escena de burdel ya no está tan clara como en el boceto anterior y cada figura femenina toma protagonismo por sí misma.

Para llegar a la creación de estos bocetos Picasso hizo una serie de dibujos individuales de cada personaje, de sus cabezas, del cuerpo, de las piernas, de frente y de perfil. Casi todas estas pequeñas obras se conservan.

La fragua de Vulcano


- FICHA TÉCNICA:
Título: “La fragua de Vulcano”                                                        Autor: Diego de Velázquez
Estilo: Barroco español                                                                      Cronología: 1630
Técnica: Óleo sobre lienzo                                                         Localización: Museo del Prado

- ANÁLISIS DE LA OBRA:
Durante el Barroco (s. XVII y XVIII), España vivió una época dorada en el aspecto cultural sin parangón. El continuo movimiento de grandes maestros y el conocimiento de sus obras influirá decisivamente en artistas que, como Velázquez, resumen lo mejor de la pintura europea en su tiempo.

En este cuadro Velázquez recurre a un tema propio de la mitología clásica, los amores de Afrodita y Ares. Cuenta el mito que siendo Afrodita la diosa más bella del Olimpo, su padre, Zeus, decidió casarla con Hefesto/Vulcano, un dios feo y cojo que pasaba sus días alejado de la luz del sol encerrado en su fragua acompañado de los cíclopes. Este dios tan poco agraciado poseía otras virtudes, éstas eran la de la inteligencia y el ingenio además de ser un dios tremendamente trabajador y mañoso.

Afrodita, diosa de la belleza y del amor no podía amar a un dios como Hefesto/Vulcano, y le fue infiel. Tuvo relaciones con varios dioses y con algún mortal, pero de quien se enamoró fue de Ares, el dios de la guerra.

Al principio los encuentros entre los amantes eran nocturnos, discretos y breves, pero se fueron confiando, y permanecían juntos hasta bien entrado el día, de tal manera que Apolo, el dios sol que todo lo ve, los descubrió y decidió informar al marido engañado y poner fin a tal infidelidad, quizás celoso por no haber sido él el elegido por Afrodita.

Apolo acudió a la fragua de Vulcano/Hefesto y le informó de la traición de su esposa. Este momento fue el elegido por Velázquez para representarlo en el cuadro. Siguiendo una lectura de izquierda a derecha podemos ver a Apolo portando una corona de laurel en su cabeza de la que emanan rayos solares en el momento que le está dando la noticia a Hefesto/Vulcano, que está trabajando con el martillo y el yunque rodeado por los cíclopes (herreros), al mismo tiempo que es sorprendido por la noticia de la infidelidad de su esposa.

El mito cuenta que Hefesto, una vez informado de lo sucedido, decidió crear una red de oro para castigar a los traidores, la red era tan fina que casi nadie la podía ver pero a la vez era tan fuerte que ni el más vigoroso de los dioses la podía romper.

En cuanto tuvo ocasión de encontrar desprevenidos a los dos amantes, se acercó a ellos con mucho sigilo y los cubrió con la red, tal como se encontraban, desnudos y en postura poco decorosa. Sin perder tiempo, llamó a todos los dioses para que contemplaran la traición.

Finalmente Afrodita se marchó a Chipre, su tierra natal, y Ares se ocultó en Tracia poniendo fin de una manera vergonzosa a un amor intenso y apasionado.

Desde el punto de vista formal la obra de Velázquez destaca por su grado de realismo y veracidad a la hora de representar los cuerpos que develan el gran estudio anatómico por parte del artista. Representa dos tipos de cuerpos, uno vinculado al mundo celeste (Apolo) y otro al subterráneo (Hefesto/Vulcano). Ambos se manifiestan de forma diferente. El rubio Apolo, coronado de laurel como dios de la poesía, exhibe un desnudo adolescente, de formas delicadas y carnes blancas, en apariencia frágil pero duro como un mármol antiguo. Ninguna idealización, en cambio, en los cuerpos de Vulcano y los cíclopes, trabajadores curtidos por el esfuerzo lo que se refleja en las carnes apretadas y los músculos tensos, aunque detenidos, observando atónitos al dios solar. Aun tratándose de desnudos académicos, con recuerdos de estatuaria clásica, han sido reinterpretados por el estudio del natural, con modelos vivos, que han puesto también los rostros de seres corrientes.

También destaca desde el punto de vista formal por la estancia donde se representa la escena. Todo está representado con el mínimo detalle empleando la técnica del óleo que permite representar diferentes texturas (metales, cerámicas, lumbre…) con gran meticulosidad y realismo. Debido a esto, algunos teóricos han calificado su estilo como realismo poético por su delicadeza a la hora de tratar las formas.

En las obras de Velázquez nunca hay defectos de dibujo y la atmósfera está expresada a través de la penumbra, modelando y tamizando la luz a través del empleo virtuoso de los colores. Colores en los que predominan los tonos pardos, marrones y ocres siguiendo la técnica del claroscuro que potencia volúmenes y relieves.

Desde el punto de vista compositivo, el centro de atención del cuadro reside en la cara de Hefesto y posteriormente, en la línea visual determinada entre Hefesto y Apolo. Un esquema compositivo en el que predomina la horizontalidad pues podemos englobar a todos los personajes en un rectángulo en el que hay un dinamismo circular.


Se considera esta obra como una de las más italianizantes del artista por la influencia de Caravaggio, Rubens y la escuela veneciana en su estilo.